REGIONES CAPACES DE COMPETIR
Nuestro objetivo es que cada región sea capaz de encontrar el camino de su desarrollo, aprovechando sus ventajas comparativas, desarrollando sus vocaciones productivas y relacionándose con el resto del mundo, fortaleciendo su propia identidad, sin depender de concesiones o permisos desde la capital.
Al igual que ocurre con los países, la competitividad de cada región depende de su acceso a los recursos que hoy son más valorados: los recursos humanos calificados, el conocimiento, la capacidad de innovación, la tecnología y la conectividad. Hoy éstos están distribuidos muy desigualmente. Para revertir esta situación estableceremos una política activa de fortalecimiento de la competitividad de las regiones.
Para que ellas puedan desarrollar sus proyectos y competir en igualdad de condiciones, apoyaremos activamente la formación, retención y traslado de profesionales calificados a regiones. Con este propósito, fortaleceremos las universidades regionales. Permitiremos que el Estado pague parcial o totalmente el crédito universitario de profesionales jóvenes que se radiquen en regiones para desempeñar funciones claves para el desarrollo social y productivo de éstas.
Del mismo modo, aprovecharemos las oportunidades que brindará el Fondo Nacional de Innovación para promover proyectos asociativos de innovación y desarrollo tecnológico en regiones. La experiencia del Centro de Altos Estudios en Valdivia o del Centro de Biotecnología de Concepción muestra que no es necesario estar en Santiago para hacer ciencia de clase mundial. Nuestra estrategia nacional de innovación considerará a las regiones como actores centrales en el esfuerzo por reorientar la estrategia de desarrollo del país desde la explotación de recursos naturales no renovables hasta el desarrollo de nuevas industrias basadas en el talento de nuestra gente. Esto requerirá una inversión sostenida en la capacidad de innovación, así como alentar a las empresas, institutos y universidades a participar en proyectos asociativos regionales.
Para que las regiones sean capaces de desarrollar sus ventajas competitivas, tengan acceso al conocimiento y a la innovación, es también necesario que éstas estén plenamente conectadas al mundo. Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones ofrecen hoy esa oportunidad, pero se requiere una infraestructura apropiada. En el transcurso del próximo gobierno todas las regiones de Chile, incluyendo las más apartadas del extremo austral, deberán estar conectadas al mundo, al conocimiento y a los mercados a través de servicios de banda ancha de alta velocidad. Así como en otras políticas destinadas a combatir las desigualdades se recurre a la discriminación positiva a favor de los más postergados, lo mismo debe ocurrir en relación a las regiones. La estrategia nacional de innovación debe otorgar prioridad a las regiones de menores recursos. Los habitantes del resto del país tampoco pueden financiar los altos costos de mantener y desarrollar la infraestructura de
UNA ESTRATEGIA INTELIGENTE PARA AVANZAR
La descentralización en Chile ha esperado demasiado tiempo como para que quede sujeta a la improvisación. Necesitamos una estrategia inteligente que reconozca la magnitud del desafío, empuje con decisión las reformas más urgentes, sume voluntades y sea capaz de reconocer la diversidad de las regiones y las comunas del país. Un avance decidido hacia la descentralización deberá luchar no sólo contra el poder de la capital y la burocracia de los ministerios sectoriales, sino también contra el populismo, la apatía y el subcentralismo que se genera en torno a las capitales regionales. La descentralización requiere desmontar gradualmente la cultura y la práctica del centralismo, y reemplazarla por nuevas instituciones y nuevas capacidades en las regiones. Con ese fin, recurriremos a facultades legales recientemente aprobadas para traspasar funciones desde el nivel central a las regiones, y reestructuraremos la dispersa institucionalidad de apoyo a la descentralización.
Una de las herencias culturales del centralismo contra la que deberemos luchar es el pensar en los gobiernos regionales y las municipalidades como una masa uniforme, sujeta a políticas homogéneas. El proceso de descentralización debe apoyar especialmente a las regiones y comunas con más problemas, pero también debe ser capaz de darles espacio para avanzar a aquellas más capaces y dinámicas. Por esta razón, el traspaso de recursos y competencias debe poder actuar selectivamente, de manera que las comunidades con instituciones más exitosas no estén forzadas a seguir el ritmo de las más rezagadas.